Archive | La Vida RSS feed for this section

Emigrantes y expatriados desesperados

5 oct

En los últimos días he recopilado, de forma directa o indirecta, varios testimonios de compañeros de mi edad y jóvenes de mi generación que se han visto obligados a marcharse de España para buscar trabajo o a no regresar, para no verse destinados a engrosar las listas del paro. Estas experiencias e historias avalan la tesis de que la crisis ha hecho que los españoles –o los europeos- vuelvan a ser emigrantes y salgan de su país en busca de oportunidades, revirtiendo la tendencia de los últimos años, en los que los extranjeros venían a España para encontrar trabajo y gozar de unos estándares de vida mejores.  Es cierto que siempre ha existido emigración en algunos sectores como, por ejemplo, la investigación, dando lugar a la denominada fuga de cerebros, así como para otras profesiones siempre ha sido más apetecible –tanto desde el punto de vista económico como profesional- salir fuera de España. Por supuesto, esta emigración se sigue dando: la de aquellas personas que saben que, con su formación y experiencia, van a encontrar mejores condiciones en otros países y más oportunidades para su carrera. Pero ahora mismo, no estamos hablando de ese fenómeno que describía El País en uno de sus reportajes de la serie PreParados (http://www.elpais.com/articulo/espana/emigrante/perfecto/espanol/elpepuesp/20101003elpepinac_17/Tes) Estoy hablando de unos jóvenes que huyen literalmente al extranjero para poder sobrevivir y que tienen que conformarse, allí también, con sueldos vergonzosos, contratos inexistentes o precarios y, además, sin cotizar a la seguridad social española ni, en muchos casos, contar con cobertura sanitaria u otros “lujos” del estado de bienestar europeo. Esta es la nueva emigración de mi generación: los precarios que buscan una precariedad mejor fuera de España y se conforman con ella porque saben que no existe alternativa, y que lo que les espera a la vuelta es aún peor. Esta generación está a la caza de becas, que siguen siendo las mejor pagadas, pero no sólo: también voluntariado, prácticas, experiencias que, en la mayoría de las ocasiones, no están remuneradas e, incluso, son en sectores totalmente distintos de su formación e intereses. Pero mejor eso a quedarse en el paro. Jóvenes que deciden que ha llegado el momento para experimentar nuevos mundos y culturas, para hacer realidad ese sueño que siempre han tenido, para aprender idiomas, irse a la India a buscar su karma, hacer un curso de fotografía en Lisboa, como si en Madrid no los hubiera. Pero mejor eso a quedarse en casa. Jóvenes y no tan jóvenes que se las van apañando dando clases de español (los Instituto Cervantes del mundo se han convertido en refugio de muchos), que trabajan de algo que no les gusta y viven donde realmente no quieren, enfrentándose incluso al dilema de renunciar a su priva privada, o de criar a un niño en El Cairo cuando consideran que no es un entorno adecuado para su hijo. Pero mejor eso a renunciar del todo a tener hijos. Compañeros periodistas que cogen las maletas y están dispuesto a viajar, mudarse a los rincones más remotos y peligrosos del mundo, ponerse un velo en la cabeza e irse a Pakistán, sin contrato ni seguro, sin certezas de que su trabajo sea luego bien recibido y con la seguridad de que su valor no será pagado como es debido. Pero mejor eso antes que dedicarse a otro cosa que no sea el periodismo. En esta categoría me incluyo yo, aunque sea emigrante por elección y por vocación, pero aquí estoy pagando en el extranjero los platos rotos de la crisis y experimentando el cambio de un modelo informativo: del corresponsal estrella, con privilegios y pluses inimaginables –y hasta vergonzosos-, a los desgraciados freelance que debemos luchar por vender cada una de nuestras noticias por dos duros y, en muchas ocasiones, perdiendo dinero e, incluso, la dignidad. Y todos los que nos encontramos fuera de España, independientemente de las razones que nos hayan llevado a emigrar, nos imponemos ahora un exilio forzado porque somos conscientes de que volver significa el paro, significa condiciones laborales aún peores, significa bajar en el escalafón profesional o perder algunos privilegios de los que gozamos los expatriados, como poder salir a cenar un par de veces por semana y contar con una mujer de la limpieza. Flaco consuelo…