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La revolucion de los tomates

21 oct

Quiero pensar que estamos ante un momento histórico en Egipto, quiero imaginar que voy a ser testigo de ello y, sobre todo, quiero soñar con que algo importante pueda ocurrir en y para este país. Quizás, las mías sean sólo imaginaciones o ilusiones, propiciadas por el ambiente enrarecido de los últimos días, en los que la usual niebla cairota parece no querer disiparse ni con el viento, ni con la disminución del calor registrada ayer, después de una semana de vuelta al verano con temperaturas que han alcanzado los 40 grados en la capital egipcia. Los expertos dicen que éste está siendo uno de los años más calurosos en Egipto y uno de los veranos que más se han prolongado, afectando así gravemente a varios aspectos de la vida cotidiana de los egipcios, que sufren más que nunca en estos momentos y, lo que es más sorprendente, se quejan como nunca lo habían hecho antes. Las altas temperaturas han repercutido considerablemente en la agricultura egipcia, devastando las cosechas para este año, que están resultando un 70% menos productivas de los habitual, con las dramáticas consecuencias que inevitablemente ello conlleva, especialmente en un país donde se estima que alrededor de un 40% de la población vive en la pobreza y depende de una economía de subsistencia.

Los precios de los alimentos se han disparado desde el mes del Ramadán, cuando la inflación suele aumentar debido a un consumo mucho más elevado y más “de lujo” respecto al resto del año. La carne en el mercado egipcio ha subido casi un 30% mientras que el precio de las hortalizas ha experimentado un incremento de más del 50%. El precio de los tomates en Egipto, que ha alcanzado las 10 libras (1,20 euros aprox.), es el centro de muchas conversaciones últimamente y no sólo de las de amas de casas provenientes de esa franja de la población que es pobre, ni siquiera de la reducida e indefinida clase media egipcia. Desde la mujer de la limpieza hasta el taxista, desde los expatriados hasta los egipcios pertenecientes a ese club selecto que nunca ha pasado hambre y que no tiene que preocuparse por llegar a fin de mes, todos hablan de los tomates a 10 libras!!! 10 libras que pueden ser una parte importante del salario medio de un egipcio cualquiera o 10 libras que no son nada para los bolsillos de los extranjeros y ese 10% de la población que concentra en sus manos la riqueza del país. Pero 10 libras que son un signo de la situación económica de Egipto, que hasta el momento ha resistido relativamente bien el impacto de la crisis financiera internacional –o eso dicen los datos oficiales. Y 10 libras que quiero pensar que pueden despertar y revolucionar a muchos, bastante más que cualquier consigna incendiaria o proclama política: es sabido, en la historia son más probables las revueltas cuando el pueblo pasa hambre, que cuando se le pisotea, se le reprime y se le priva de sus derechos básicos. Tener el estómago lleno es una condición sine qua non, mientras sí se puede sobrevivir sin derechos básicos, sin educación, sin la posibilidad de llevar una vida decente por encima de la mera subsistencia e, incluso, sin libertad.

Egipto ha sido testigo en las últimas décadas de varias y fuertes protestas por el pan: la subida del precio del pan, subvencionado y proporcionado por el Gobierno a una porción importante de la sociedad, ha desencadenado graves disturbios en el pasado, que amenazaron incluso con desembocar en revoluciones propiamente dichas –en la última ocasión, en el año 2008, murieron más de 10 personas. Me gustaría pensar o imaginar que estamos ahora ante una posible revolución, esta vez debido al incremento de todos los alimentos, en especial los vegetales que constituyen la base de la alimentación de un egipcio común. El descontento social en el país es palpable y, sobre todo, se deja oír cada vez más en las calles, en los cafés, en los mercados y en las casas, no sólo de esa gran masa de egipcios que han malvivido hasta ahora, con los tomates a 2 libras el kilo, sino también de los egipcios más adinerados. A esto hay que sumarle otra serie de circunstancias actuales que hacen de este momento un momento histórico e, insha’allá (si dios quiere), oportuno para algún cambio: el fortalecimiento de un movimiento prodemocracia en Egipto, cada vez más activo y visible, y menos silencioso; las elecciones parlamentarias que se celebrarán en noviembre y las presidenciales programadas para finales del próximo año, con la cuestión de la sucesión hereditaria en el poder sobre la mesa; el régimen de Mubarak que muestra signos de debilidad y está asustado ante esa posibilidad de cambio y, para ello, ya ha empezado actuar con fuerza contra sus opositores, cargando con fuerza, por ejemplo, contra los medios de comunicación independientes.

Quiero soñar, imaginar, desear, esperar que estamos ante la revolución de los tomates: roja, con pasión, pero sin sangre, fresca y joven, una nueva época para el Egipto moderno.