Identidad nacional y otros conceptos inventados

13 oct

Otro 12 de octubre en el Cairo. Otro cóctel en la Embajada, con una estupenda barra libre pagada con los impuestos de todos los españoles y un catering algo menos brillante, que este año ha innovado con unos canapés de paella… Y el día después, toca hacer algunas reflexiones – o intentarlo, con la resaca patriótica.

Creo que soy de todos menos patriótica y quien me conoce lo sabe muy bien: no me siento ciudadana de ninguno de los países de los que poseo la nacionalidad, o la residencia,  y rechazo mi pertenencia a la nación que me vio nacer y a la cual supuestamente pertenezco por sangre y por ley. Lo que más odio es la típica pregunta “Y tú, ¿de dónde eres?”, porque nunca sé exactamente qué contestar, aunque ya tengo una versión resumida e impersonal de mi vida, que repito como un autómata cada vez que conozco a alguien. Cuando vivía en Canarias, decía que era italiana; cuando me mudé a Madrid, contestaba que venía de Canarias; y ahora en Egipto, digo que soy española o italo-española, para que la gente se explique porque me llamo como me llamo. Aún así, yo también tengo mi corazoncito y yo también necesito sentirme parte de algo, como todos nosotros: de una etnia, de un país, de una ciudad, de un grupo religioso, de un equipo de fútbol, de un club de fans…  Mi primer 12 de octubre en El Cairo, tuve que quedarme en casa mientras todos mis amigos y conocidos iban al cóctel de la Embajada, porque aún no tenía pasaporte español (que me fue concedido hace menos de 2 años) y no podía entrar a la fiesta sin él: me sentí como cuando tus padres te castigan de pequeño y no puedes hacer lo que hacen los demás niños, pero peor todavía me sentí cuando, unos días antes, había llamado a la Embajada para pedir que por favor enviaran dos invitaciones para los dos becarios de EFE (yo y mi compañero Javier Fagúndez), y la secretaria del Embajador me dijo que yo “no tenía nada que ver con España”, a pesar de trabajar para una empresa española y tener la residencia en España desde hace más de 10 años. Quién era esa mujer para juzgarme? O para decirme cuál era mi patria? Lógicamente ella se basaba en hechos legales y documentales, que son al final lo que nos etiqueta y establece quiénes somos, pero para mí el patriotismo es algo mucho más libre y personal: es algo que simplemente tienes que sentir y que nadie te puede imponer. No puedo decir que desde que vivo en Egipto me sienta más española, pero sí me reconozco más con esta nación y con su gente, me gusta identificarme como española antes que como italiana, y estoy orgullosa de ello, cuando puedes decir “no! no soy americana. Soy española!”. Vivir fuera te cambia mucho, en muchos aspectos, y, sin duda, cuando estás en el extranjero, sientes más que nunca la necesidad de pertenecer y de identificarte con algo: ante todo con un idioma, con un grupo de personas, con unas costumbres, que se vuelven sagradas cuando los que te rodean tienen otras diferentes, con un imaginario colectivo que te das cuenta de que tienes y de que forma parte de ti, aunque no seas consciente de ello. Con todo ello, no quiero decir que ahora sea más patriótica, porque sigo sin compartir el concepto mismo de patria y la idea inventada de identidad nacional, y sigo considerándome una ciudadana del mundo, sin país ni bandera, pero me gusta poder disfrutar del calor de las pequeñas cosas que te hacen sentir más en casa -o lo que es “casa” para cada uno de nosotros-, como una canción, una tortilla española, una copa de vino (aunque hoy, en concreto, prefiero obviar este elemento), una expresión, unas risas con las personas que constituyen tu patria y tu familia cuando estás en el extranjero. Para todas ellas, voy a colgar una foto de anoche (espero que a nadie le importe), en honor a la comunidad española en El Cairo.

Y una última reflexión, más política, porque no puedo evitarlo. Esta semana, además de ser el 12 de octubre, hemos sido testigos de cómo el Gobierno derechista y racista de Israel ha aprobado una proposición de ley que, de ser aprobada por el parlamento, modificará las normas relativas a la ciudadanía: cualquier persona que quiera ser ciudadano israelí tendrá que jurar lealtad a este país como estado judío. Una vez más, Israel ha sabido mezclar hábilmente la política con la religión, y ha vuelto a evidenciar su naturaleza sionista y para nada democrática, como nos quiere vender y hacer creer. Esta decisión política está, obviamente, dirigida hacia los palestinos y será usada como herramienta legal contra ellos, ya que, ningún palestino (creo y espero) aceptará jurar fidelidad a su ocupante y a su dios. Asimismo, refuerza un poco más la identidad judía de Israel que cada vez más pone énfasis en su base religiosa, en lugar que en otro tipo de valores, más reales, justos y prácticos. De esta forma, no sólo los árabes-israelíes se verán afectados, los propios israelíes se verán obligados a ser etiquetados y a considerarse judíos, aunque, no hay que olvidarlo, muchos de ellos sean laicos y algunos incluso ateos.

Y hablando de identidades y conceptos falsos, de todos aquellos que han sido inventados para servir determinados intereses, Israel sin duda ha conseguido crear el concepto más falso y engañoso y, además, que todo el mundo lo acepte como una verdad absoluta: que los judíos son un pueblo y no una comunidad religiosa, sin más, lo cual no entraña relación ninguna con la etnia, la nacionalidad o la pertenencia territorial. Sus consecuencias, las conocemos todos.

2 Responses to “Identidad nacional y otros conceptos inventados”

  1. Gema 14 octubre, 2010 at 12:03 #

    Como se suele decir: uno no es de donde se nace, sino de donde se pace :)

  2. Tarek Shalaby 14 octubre, 2010 at 16:31 #

    Es muy curioso: hasta que tengamos una ‘identidad’, sentimos incompletos, casi tristes. Siempre queremos ser parte de algun grupo, y no dejamos de comunicarlo (forma de ser, hablar, vestir, bailar, comer, etc).

    La pregunta es, que significa ser espanola? Para mi, que significa ser egipcio? Mucha gente depende de los documentos, y dice que si no tienes pasaporte, eso significa que no eres ciudadano y entonces no te puedes sentir parte de ese pais. Obviamente, es una estupidez. Lo mas importante de todo, es como se siente cada uno.

    Luego hay la cuestion de la civilizacion. Se dice que para tener una nacion, necesitas tierra, pueblo y gobierno. Pero si naces de padres frances, en la india, y te mudas a china cuando tengas 18 anos para toda la vida? Por que no te puedes sentir incluso australiano, si te apetece?

    El problema ademas esta con los politicos, que intentan crear un sentido de nacionalidad para poder aprovechar de ello, y convencer el pueblo que, para estar felices, los ciudadanos lo tienen que dar todo al pais. Tienen que trabajar sin parar, comprar, confiar en el gobierno, pagar impuestos y apoyar sus guerras.

    En mi opinion humilde, cada uno tiene la libertad de elegir el grupo con que se siente identificado, y darle lo que quiera dar. Sin mas.

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