Paz caliente y negociaciones congeladas

28 sep

Reina una cierta confusión sobre qué está pasando y qué pasará con el proceso de paz en Oriente Medio. Y no se sabe si realmente es confusión, una cortina de humo para el público y la prensa, rodeos diplomáticos, un engaño colectivo o un nuevo fracaso, menos de un mes después del comienzo de las negociaciones directas entre palestinos e israelíes, después de casi dos años de estancamiento –o congelación. Esa es la palabra que suena ahora en la boca de todos, de las partes implicadas y de los mediadores, de los periodistas que le seguimos el juego, y parece ser el único eufemismo que pueda aplicarse a esta absurda situación: no conlleva un progreso ni desarrollos destacados, no implica compromisos ni concesiones, no obliga a mirar para delante ni a volver la vista atrás. Es simplemente eso: mantener formalmente el statu quo mientras quien puede -los más fuertes- siguen haciendo lo que quiere, amparado por el supuesto hielo.

Hace 10 meses se congeló la construcción de nuevos asentamientos israelíes en Cisjordania, lo cual no significó en ningún momento que Israel estuviera dispuesto a detener completa y definitivamente sus colonias, condición que exigieron en un primer momento los palestinos para sentarse a negociar y la propia Administración Obama, y que quedó congelada posteriormente o, más bien, olvidada -al igual que quedan olvidadas este tipo de concesiones que siempre se hacen sólo por una parte. El pasado día 26 de septiembre expiraba dicha moratoria y tanto los palestinos como EEUU, y la comunidad internacional en general, esperaban que Israel extendiera la prohibición de construir en los Territorios Ocupados, que constituye actualmente la principal amenaza para el recién nacido y ya casi muerto proceso de paz. A pesar de que nadie volvió a poner sobre la mesa la necesidad de acabar con las colonias de una vez para siempre, Israel no he querido ampliar la moratoria y las excavadoras y los colonos ya han roto el hielo volviendo a su actividad habitual, como si nada hubiera pasado en los últimos 10 meses, ni se estuviera supuestamente intentando alcanzar un acuerdo de paz definitivo e histórico en Oriente Medio. Es evidente que Israel no desea esa paz, ni siquiera desea fingir que la está buscando, siguiendo con una política barata de congelación que a largo plazo no trae consecuencia políticas, pero tampoco resuelve nada: la paz o, al menos, el camino hacia ella, requiere de actuaciones reales y calientes, que quemen políticamente al líder que las tome, que renuncia a su inmunidad para el bien común. Netanyahu no tiene el valor de hacerlo, ni de congelar ni de calentar la situación sobre el terreno, al igual que no lo tiene el presidente palestino, Mahmud Abbás, el cual se ha quedado prácticamente congelado, sin saber qué decir o qué hacer ante la actitud de su socio-enemigo, y ante las presiones del mundo entero para que no se retire de las negociaciones. Abu Mazen ha dejado en manos de la Liga Árabe la decisión de seguir o no con las conversaciones, mientras ataca sin fuerzas ni convicción el fin de la moratoria, y observa impotente como Israel vuelve a construir –¿lo ha dejado de hacer en algún momento?- en tierra palestina.

En este momento y en estas circunstancias, quizás no haya ningún término que describa mejor la situación sino precisamente el de congelación. Las negociaciones están congeladas hasta que alguno de los actores decida dar algún paso valiente y decisivo; las posturas de las partes están estancadas ya que son tan ilógicas que ya no se pueden sostener; sus sonrisas diplomáticas, pasmadas ante la kafkiana situación en la que se ven metidos, empujados por un Obama que sueña con un “Yes, we can” en la tierra donde nunca se ha podido, ni querido, ni casi intentado. Lo únicos que parecen no haberse quedado detenidos, boquiabiertos e inútiles ante la incertidumbre son los colonos, que han celebrado el fin del congelamiento de sus proyectos y los han retomado con más ganas e impulso que nunca, regresando de facto a la paz caliente en la que se vive en los Territorios Ocupados.

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